Crucifixiones y flagelamientos durante el Viernes Santo

Como viene siendo habitual durante estas fechas, cientos de devotos filipinos (penitentes) se flagelaron, mientras que otros se hicieron crucificar en Viernes Santo para rememorar la Pasión y Muerte de Jesucristo.

Por lo menos 23 personas fueron crucificadas en tres aldeas del norte de Filipinas, en San Fernando, provincia de Pampanga. El evento mas llamativo tuvo lugar en San Pedro Cutud, una aldea agrícola a 3 kilómetros de San Frenando, donde los penitentes recorrieron un sendero rememorando la Vía Dolorosa que pisó Jesús antes de su crucifixión, portando cruces de madera. En la cima de la colina, fueron clavados de pies y manos al madero, ante la mirada curiosa de mas de diez mil espectadores filipinos y extranjeros venidos de todas las partes del planeta.

Según declaró Ching Pangilinan, funcionaria turística y una de las organizadoras, este año los extranjeros no pudieron participar en los rituales, salvo como espectadores,
"Hemos decidido decretar la prohibición de participación de extranjeros tras las malas experiencias sufridas en años anteriores, cuando se comprobó que varios extranjeros participaban en los rituales con el objetivo de ser filmados o mofarse de la ceremonia."
El humorista australiano John Safran se hizo crucificar el año pasado tras hacerse pasar por un estudiante católico y asegurar que su madre padecía cáncer, pero cuando la población local se enteró de que en realidad lo había hecho para ganar audiencia para su programa de televisión australiano, se sintió traicionada y ofendida.
"No vamos a permitir que se burlen de las tradiciones de la gente de este lugar", aseguró Pangilinan.

La Iglesia Católica de Filipinas no recomienda la participación en estos actos y ha dejado claro que no endorsa su práctica. Aunque los penitentes filipinos que se flagelan utilizan la palabra "penitensya" para referirse exclusivamente al acto de flagelamiento, las prácticas penitenciales tradicionales de la Iglesia Católica hablan preferentemente de la oración, el ayuno o la limosna, actos que son popularmente practicados por todo el país.

Los medios de comunicación filipinos en general tachan las crucifixiones y flagelamientos como salvajes, aunque reconocen que proporcionan un buen espectáculo y jugosos ingresos turísticos en las localidades donde se realizan.

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