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Día del Libro 2012 en el Instituto Cervantes de Manila

El próximo 21 de abril el Instituto Cervantes de Manila celebra una nueva edición del Día del Libro, la popular fiesta española del libro y las rosas, que tiene como objetivo fomentar la lectura, la industria editorial y la protección de la propiedad intelectual por medio del derecho de autor. Entre las entidades colaboradoras de este año se encuentran las Embajadas de España y Argentina en Filipinas.

Como cada año el Instituto mantendrá una Jornada de Puertas Abiertas desde las 10 de la mañana hasta las 8 de la noche, donde habrá un mercadillo de libros nuevos y usados en el que se repartirán rosas gratis para todos los participantes, siguiendo la tradición española.

También hay programadas diferentes actividades culturales de cine, recitales de poesía, música en directo, concursos de fotografía y literatura, gastronomía, además de un programa completo para los niños. Están programadas las siguientes actividades:
El programa completo del Día del Libro está disponible en el siguiente enlace:
http://manila.cervantes.es/FichasCultura/Ficha77431_23_1.htm

o en la página de Facebook del Instituto Cervantes de Manila:
https://www.facebook.com/InstitutoCervantesManila

Reservas en el teléfono: 5261482

Disiente Goyena

A continuación reproducimos la disertación que Pánfilo Goyena, de la Universidad de Nueva Guipúzcoa (Davao) ha titulado como "Epístola napoleónica y entrópica sobre la prosa del sujeto apellidado Sentado".

Viérame con otros cristianos y no pensase en estos moldes, pero quiera que zutano enaltece la alcurnia de los aplatanados hartos de pancit, y la ocasión apremia al intelecto. Pues el tal sujeto, para más detalles, David Sentado, sostiene que en ejercicio radical de alegoría, se vio forzado a figurarse un escenario filipinesco pre-comodoriano, en el cual el curso natural de las cosas llevaría a la literatura filipina a consagrar en el espacio hispanohablante una originalidad inmarcesible que, los cien millones de filipinos actuales, no podrían sino consagrar a través de figuras que el Nóbel reconocería. Pero tal parábola, esgrimida con tantos aspavientos, queda en agua de borrajas para subsumirse en la retahíla del más decadentista agorero: carpe diem, ubi sunt, tempus fugit. Como resultado: la cópula de dos zombies. Cómo es posible que Sentado sostenga primero la continuidad histórica ―incluso se la quiera inventar, sin darnos pistas sobre su invento― para concluir en el ejercicio forense, ¿quién le ha dado vela en este entierro? Pues ya lo venimos diciendo en nuestras revistas davaoeñas, tan poco conocidas en los ambientes tagalistas manileños. Si sólo fuésemos los forenses beneméritos que diésemos parte de defunción, o los albaceas testamentarios que distribuyéramos bienes como parte interesada (“corralillos académicos” lo llama Sentado) o, crudamente, los buitres azote del mundo que recogiésemos la leña del árbol caído, sobre nosotros caería la culpa. Para decirlo de forma clara, al crítico literario le atañe mayor responsabilidad que el mero parte de hechos, o la inconsciente huida a Egipto. El crítico literario no puede decirnos que ya no hay nada, que de la segunda lengua más hablada del mundo, aquélla que antaño pudo haber sido la lengua nacional de la primera República de Asia, ya no queda nada. El crítico literario no puede decirnos que en un país de cien millones de habitantes nadie escribe en español, la lengua de su literatura clásica y en la que escribieron sus principales intelectuales, la lengua que fue oficial desde 1571 hasta 1987. El crítico literario no puede decirnos, a nosotros, hispanohablantes, que no existan hoy en día filipinos con inquietudes por seguir la tradición literaria más longeva y más incuestionablemente nacional, aquélla que desde el Barroco del siglo XVI se extiende al pensamiento criollo, los miembros de la Propaganda, el Modernismo asiático y la contestación antiamericana, hasta llegar a la revolución cibernáutica y la diáspora a la que conduce el subdesarrollo. Cualquier huida a Egipto sería una irresponsabilidad, pues el crítico literario debe asumir el hoy y el ahora, y crear desde lo creado, por mínimo que sea, los mimbres técnicos que permitan dar carta de naturaleza a una literatura que sin duda existe, aunque cerremos los ojos o miremos a otra parte.

Napoleónico, sostiene Sentado quarante siècles vous contemplent para después pasar a las bravas al Antiguo Régimen, y agorero, proclamar après moi, le déluge. Cómo les gusta a los argonautas ser los pioneros de la elegía. Pero parece que la elegía es contagiosa, y los propios minotauros raudos componen epigramas. ¿Y quién es el tal Sentado, que exiliado por la rambla de Bilbao y soldado del ostracismo, nos viene ahora a perorar el triunfo del solipsismo? ¿Qué no se da cuanta que en su búsqueda de Ítaca otras Atlántidas han emergido en el país de las sirenas? ¿Qué nos quiere confundir Sentado siendo argonauta y haciéndose pasar por minotauro, para en tal pirueta de birlibirloque denostar a los propios minotauros que, famélicos como Rocinantes, tratan de llegar al Toboso? ¿Qué nos hace ejercicios de erudición, para concluir condescendiente con “meritorios aunque forzados intentos escritos bajo la discutible tesis…”? ¿Y quién habló de “vitalidad”? Si nunca la hubo, y bien consciente que es de ello Sentado, que a lo largo de las páginas de su prosa habla de militancia post-comodoriana. Disiente Goyena, para inferir los procesos de transformación de una literatura como ser vivo, y afirmar los procesos entrópicos:
“... la flecha del tiempo ha tomado sentido en tanto que concepto físico irreductible [como afirmaba Boltzmann] y, con ella, se ha transformado la propia noción de ‘ley de la Naturaleza’. Sin embargo, las dos ciencias que han continuado la dinámica clásica en el siglo XX, la mecánica cuántica y la relatividad, han heredado de aquélla la simetría entre el pasado y el futuro. Ellas siguen solidarias del ideal de precisión infinita del que era portador el principio de razón suficiente. ¿Es posible reencontrar, en el mundo microscópico que rigen las leyes cuánticas, el equivalente del ‘caos determinista’?”[1].
Una vez llegados a este punto, manejamos una serie de realidades físicas que se van estableciendo como nuevo paradigma científico, que comporta al mismo tiempo una nueva visión del mundo. No se trata de establecer las leyes de un ordenamiento físico por medio de precisión matemática o empirismo lógico, ni tampoco la relativización de estas leyes por medio de la velocidad de la luz que determina la apreciación del cálculo. Lo que la física hoy en día nos dice es que la energía de la materia posee una dinámica constante en una linealidad del tiempo irreversible[2], que esa energía actúa, siempre constante o crecientemente, buscando el orden, y que por lo tanto su existencia hasta el orden es el caos. Una vez alcanzado el orden y el equilibrio, esa energía se transforma, ya que la energía no puede ser creada ni destruida, lo cual es el primer principio de la termodinámica.

Actualmente se establece pues la recuperación de principios clásicos que la relatividad había desechado, como la linealidad irreversible del tiempo. Si se afirma que el tiempo es irreversible, no puede éste nacer en una realidad reversible[3]. Esto es precisamente lo que nos interesa destacar, la irreversibilidad del devenir, el tiempo inescrutable que actualiza una energía en constante homogeneización, lo cual es el segundo principio de la termodinámica.

Los flujos de energía que tienden a la uniformidad fueron estudiados a mediados del siglo XIX por Rudolf Clausius, para quien la dinámica de la uniformidad de la materia era una constante que podía ser mensurable a través de la «entropía», el retorno de la energía a un estado de equilibrio. A mayor equilibrio, mayor entropía, de modo que la energía tiende a crecer o mantenerse hasta alcanzar la armonía en un sistema. En un principio pues, el segundo principio de la termodinámica afirmaba: la flecha del tiempo según el aumento de entropía, la degradación de la energía y el caos de la materia que conducía al desorden:
“De acuerdo con el segundo principio de la termodinámica, la entropía del universo está en constante aumento; es decir, la distribución de la energía en el universo está constantemente igualándose. Puede demostrarse que cualquier proceso que iguala las concentraciones de energía aumenta también el desorden. Por consiguiente, esta tendencia a incrementar el desorden en el universo con movimientos aleatorios libres de las partículas que lo componen no es sino otro aspecto del segundo principio, y la entropía cabe considerarla como una medida de desorden que existe en el universo”[4].
Dentro de un sistema dinámico limitado, las coordenadas de evolución de la energía serían entonces previsibles, pues el proceso sería un constante desorden que llevaría al caos. Pero no es esto lo que la entropía nos dice, ya que el aumento de la entropía, que es irreversible como la linealidad temporal, tiende hacia el equilibrio de la energía, y la dinámica que introduce en la misma, si bien a priori aleatoria, se constata a posteriori como un caos que busca su ordenamiento microscópico, según lo que nos demuestra la mecánica cuántica:
“Este sencillo ejemplo [separación de gases mezclados que se ordena diferenciando moléculas] muestra hasta qué punto nos es necesario liberarnos de la idea de que la actividad productora de entropía es sinónimo de degradación, de nivelación de diferencias. Pues si bien es cierto que debemos pagar un precio entrópico por mantener en su estado estacionario al proceso de termodifusión, también es cierto que este estado corresponde a una creación de orden. Una nueva mirada se hace así posible: podemos ver el ‘desorden’ producido por el mantenimiento del estado estacionario como lo que nos permite crear un orden, una diferencia de composición química entre los dos recipientes. El orden y el desorden se presentan aquí no como opuestos uno a otro sino como indisociables”[5].
La mecánica cuántica lo que nos está diciendo es que la que a nivel macroscópico puede parecer relativo, a nivel microscópico se nos muestra como algo determinado por leyes en mayor o menor medida deterministas. Si en sistemas dinámicos limitados la previsibilidad es prácticamente total, pues el funcionamiento interno del sistema evoluciona de acuerdo a unos patrones constantes, en sistemas dinámicos disipativos este determinismo se está haciendo cada vez más presente. A medida que se ven delimitando los procesos de evolución molecular dentro de los sistemas disipativos no lineales, se está demostrando que existen dispositivos intrínsecos de homogeneización de la aleatoriedad aparente, que llevan por lo tanto al caos de la energía inicial a un equilibrio del sistema, que es entonces la adquisición constante del segundo principio de la termodinámica, el crecimiento con el tiempo de la entropía:
“La irreversibilidad lleva a nuevos fenómenos de orden. Lo que también conviene recordar es que, ya a escala macroscópica, estamos ante una ‘mezcla’ de determinismo y probabilidad. Einstein, en uno de sus últimos trabajos, volvía sobre el papel de las probabilidades en física, y llegaba a la conclusión de que los que pensaban que el carácter estadístico de la mecánica cuántica acabaría con el determinismo a nivel macroscópico, el nuestro, iban a quedar defraudados”[6].
Estamos pues ante una nueva construcción paradigmática que conforma a su vez la impresión del ser sobre el mundo atendiendo a planteamientos gnoseológicos renovadores. El sujeto ya no percibe al objeto desde una posición de escrutador o desvelador de las leyes naturales, ni tampoco relativiza su competencia de observador por un medio que no alcanza, sino que el sistema posee sus propias leyes, y al mismo tiempo el sujeto está dentro de las leyes del sistema. El sujeto no será demiurgo, ni el objeto será panteísta, pero ambos coexistirán en una realidad constante e irreversible, que por contra, en su trayecto hacia el equilibrio, puede deambular por caminos en mayor o menor medida azarosos. Aquí es donde nos aparecerá el límite de la libertad, la libertad existe en términos físicos pero lo hace en sistemas particulares y sometida a la regulación de un punto sobre el que gira, un atractor que conduce del caos al orden:
“Pero el rechazo del criterio clásico trata sólo de evitar una petrificación. Dice sí a aquello que la tradición científica afirma justificadamente, y dice sí también ―investigándolo― a aquello que niega o excluye por errático. No otro es el sentido de que se abra a lo quebrado, aperiódico, sintético, abrupto, turbulento, activo, complejo, autoproducido, infinito dentro de cada finitud. Ahora se entiende que o caos no es eso o bien sólo interesa lo caótico, pues bajo semejante nombre caen el concreto universo donde existimos y un poder cosmogónico que debe considerarse la principal fuente de presencias. En definitiva, si hay ser ―y no más bien nada― el peso de semejante realidad le incumbe en mayor medida al desequilibrio que al equilibrio, a lo irreversible que a lo reversible”[7].
Pues bien, la literatura filipina escrita en español que hoy en día sale a luz, es el mayor de los caos imaginable. El necio (ne-scio), el que no conoce ni quiere conocer, no pierde ni un minuto en denostarla, ningunearla, denunciarla como cópula de zombies. Se trata de una afirmación condescendiente, muy apta de iconoclastas borgianos que tienen el rasero en lecturas de juventud de la bella Europa. Pero yo, que soy lezamiano, prefiero el barroco tropical y el eros cognoscente: “Ya va siendo hora de que todos nos empeñemos en una Teleología Insular, en algo de veras grande y nutridor”. Iluminado, iluminado sostiene Sentado la orgía gomezriveriana, “El amor hice por sus suelos”. Quien como San Juan de la Cruz en noche oscura, quien como Averroes en la iluminación de la razón aristotélica, por fin sostiene Sentado el sueño de la razón, y los monstruos, los minotauros, se le hacen presentes por fin al argonauta. El miedo a marcarle a Brasil comienza por ahí, por creer ver razón en algo que es completamente irracional, caótico, la mayor de las heterodoxias. Quienquiera que lea la joya bibliográfica (o centón infumable, según el orientalista Desbarrados que ya citara Rizal en su novele Dapitan) “Galería de fantasmas. Crónicas del mundo friqui”, en Por qué no escribí Cien años de soledad y otras ficciones (2001), se dará cuanta que Sentado bautizaba a los minotauros como “fantasmas”, y usa el concepto de «crónica» usurpado de otro conspicuo crítico al cual no cita en la dedicatoria de su volumen prosístico. Y es en este libro donde su altivez borgiana se empieza a transformar en aceitunero altivo, gallato borreguero y una pátina izquierdista que, Sentado, se ruboriza en exteriorizar. Hernandiano pues, nos habla de Miguel, Antonio López, Goya, Dalí y, por fin, Nicomedes Joaquín. Y todo el caos se revela, todas las fuerzas físicas llevan desde el primer principio de la termodinámica (la dirección del tiempo) al segundo (la transformación de la energía, la muerte como orden). La tradición hispánica fenece para el Archipiélago, y el propio acto de fenecer constituye la constatación del caos y, en consecuencia, el orden absoluto de su materia, la muerte, la modernidad. Mantra le llama Sentado: “It´s possible”. Abre los ojos y lo verás. Pues no hay muerte donde hay bienaventurados, y para aquéllos será el reino de los cielos, aquéllos que sepan leer el caos, la modernidad, de uno de los fenómenos literarios más alucinógenos de la historia de la literatura universal: una literatura en lengua europea hecha en Asia desde el siglo XVI, que se expande al mundo a pesar de someterse a los imperios más poderosos de la historia. Sostiene Sentado la falacia del producto, disiente Goyena sobre la pronta proclama gala y la nula perspicacia entrópica, cuando la modernidad nos revela sus maravillosos vectores ordenados en un aparente caos. Todo tiene su razón de ser, y los vectores gomezriverianos, farolianos, lozanianos, delapeñanos, macarianos y lanotianos, son las fuerzas entrópicas que, siguiendo la linealidad del tiempo (primer principio de la termodinámica) han subsumido a la hecatombe del caos (segundo principio de la termodinámica) para mostrarnos a nosotros, los mortales, el ordenamiento de la materia literaria como fruto de la colisión última entrópica. Ha llegado al fenómeno literario, lo hemos visto; algún día llegará al universo. Hasta que así sea, no más De profundis. Quienquiera tomar las de Villadiego, que no se llame hispanohablante.

Quienquiera comenzar a andar camino hacia el Toboso, que lea Sostiene Sentado. Artículos periodísticos de David Sentado (Manila, 2011), editados por el egregio filipinista José María Fons, y será consciente de los secretos que han llevado en la última década al español y a la literatura escrita en español a resurgir en Filipinas. Y una vez conocido el preámbulo, que se sacie con el libro alcoyano-veneciano Literatura hispanofilipina actual (Madrid, 2011). Dos obras fundamentales para todo aquél que quiera saber que en Filipinas may pag-asa para la lengua española.
 

Entre España y Filipinas. Jose Rizal, escritor

La Biblioteca Nacional de España acoge la exposición "Entre España y Filipinas. Jose Rizal, escritor", organizada por la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo, con la colaboración de la Biblioteca Nacional de España y comisariada por Dª. Mª. Dolores Elizalde, investigadora científica en el Instituto de Historia del CSIC.

La muestra que coincide con el 150 aniversario de Jose Rizal, se encuadra dentro del programa del Tricentenario de la BNE.

José Rizal (1861-1896), conocido como "Pepe" por sus parientes y amigos, comenzó a ser instruido por su madre, Teodora Alonzo, quien a su vez era hija de un ingeniero español. Tras recibir en 1877 su título de Bachiller en Artes por la Ateneo Municipal de Manila, Rizal continuó su educación en la misma institución con vistas a obtener el grado de topógrafo, agrimensor y asesor de propiedad fundiaria. Fue en la Universidad de Santo Tomás, gestionada por la orden dominica, donde inició su carrera en Filosofía y Letras, en la que entonces confluían estudios de Filosofía, Literatura, Filología, Latín y Humanidades.

Cuando supo que su madre se estaba quedando ciega, se inclinó por el estudio de la Oftalmología, comenzando sus cursos de medicina general en la citada institución dominica. A fin de cursar la ansiada especialidad, dejó Filipinas para estudiar en Europa. Su primer destino fue Madrid, en cuya Universidad Central de Madrid convalidó asignaturas de su universidad filipina, tanto de Medicina como de Filosofía y Letras, finalmente graduándose cum laude.

Investigador de historia y lingüística, destacó como políglota, llegando a hablar más de diez idiomas, que practicaba en sus numerosos viajes. Más allá de su dimensión política y social, Rizal fue un destacado literato en español, autor de dos famosas novelas, Noli Me Tangere y El Filibusterismo .También cultivó otros géneros como la poesía, el ensayo, artículos periodísticos, libros de viajes, etc..

El objetivo de esta muestra es profundizar en su faceta como escritor de las letras hispánicas, valorándole como un Galdós de los trópicos y contextualizándole en el ambiente intelectual de aquellas Filipinas ilustradas del siglo XIX. Con ese propósito, en la exposición se desarrollarán las siguientes áreas: El marco colonial, Memorias de juventud: los años de formación, Un mundo ilustrado, La sociedad de Rizal, Argumentos para un escritor y Mi último adiós. Revolución y ruptura.

Más información:
  • Página web de la Biblioteca Nacional de España:
    http://www.bne.es/es/Actividades/Proximaexpo/jrizal
  • Dirección:
    Sala Hipóstila de la Biblioteca Nacional de España, Madrid.
  • Fechas
    Desde el 30 de noviembre de 2011 al 12 de febrero de 2012.
  • Wikisource contiene obras originales de José Rizal.

El caso de Rizal frente a los Dominicos españoles

Cualquiera que haya sido administrador o dueño de pisos, casas o tierras de alquilar, ha tropezado, ocasionalmente, con el problema usual entre dueños e inquilinos, que consiste en que el inquilino, por alguna razón personal, no pueda, o no quiera, pagar el canon, el alquiler o la renta contratada.

No es infrecuente tropezar con inquilinos que, tras favorecerles en casi todo lo que requieran dentro de lo posible, todavía se les haya ocurrido no pagar el alquiler contratado porque "usted es rico y yo soy pobre", o alguna razón banal por el estilo.

Hoy día, es costumbre en Filipina que tras un plazo de tres meses, los inquilinos que dejen de pagar el alquiler contratado, se les lleve al tribunal o a la Corte del Barangay. No han sido pocos demandados que luego cuestionan los titulos de propiedad del dueño además de preguntar si el administrador pagaba los debidos impuestos sobre la propiedad dada a alquilar cuando son ellos los que precisamente no pagan ningún impuesto.

Pero todo esto demuestra pura mala fe porque la intención es ver si salen con la suya. Hasta nuestros días y en casos de desahucio (ejection en inglés), hay inquilinos que acuden a la citada fórmula de defenderse recurriendo a la banalidad del "to cuestion the ownership of the property" (cuestionar la titularización de la propiedad). Esta táctica, desde luego consigue alargar el juicio. Mediante este truco, el inquilino delincuente retiene la posesión y el control sobre la propiedad o el inmueble alquilado o arrendado.

Magnánimos fueron los Dominicos en regalarles a los Rizal cinco años de explotación libre de las 500 u 800 hectáreas que se les dio como aparceros de la hacienda de Calamba. Eran cinco años libres “de todo canon o pago de arriendo".

Un análisis de este caso agrario puede ponerle a José Rizal en una situación negativa. Pues, cuestionar la propiedad de los dueños que favorecieron a su familia, y a él personalmente, de forma injusta, no está del todo bien. Y este caso legal arroja una sombra negra sobre el carácter de José Rizal, o si quieren, sobre el de su hermano Paciano. Es por esas tierras dominicas de Calamba por las que José Rizal pudo educarse en los mejores colegios de Manila y de Madrid, tener una vida casi regalada y viajar extensivamente por Europa. José Rizal ha ido y venido, entre Filipinas y España, dos veces por lo menos. Y tuvo, el mismo José Rizal, el gran lujo de ser un trotamundo en aquellos tiempos cuando viajar costaría muchísimo más que en el tiempo presente.

Hablemos claro. El odio a los frailes bien se puede ver en sus novelas. Y la raíz de ese odio es la aparente rabia de no ser, su familia y él mismo, los dueños absolutos de las tierras productivas de Calamba. Tierras que tanto dinero y bienestar le había dado en su vida.

Hemos de percatarnos, al final, que Rizal tan solamente era otro ser humano, pero con una pasión "por la propiedad de otros". Es es un dato que nos parece poco edificante.

Esta fue la táctica, al parecer, empleado por José Rizal y su hermano, Paciano, en contra de los dueños de la propiedad ajena que trabajaban. Propiedad que era de los Dominicos. Y, el consejo que su mismo abogado. Felipe Buencamino, le da es revelador además de cierto. Pues Buencamino le dijo a José Rizal que el caso que tenían con los Dominicos no podía prosperar.

Como siempre hemos dicho, José Rizal fue re-inventado por los invasores WASP usenses para sus fines bastardos sobre Filipinas. Pero ni aun esa reinvención de Rizal podrá salvarle de sus flaquezas humanas.

Desde luego que hemos de sacarle adelante a José Rizal como el gran poeta que es, el gran romántico, y el gran literato filipino en español que es. Pues, por encima de esta su señalada flaqueza, ha sabido volver a la verdad y morir con grandeza retractándose de todo lo que escribió en contra de la Iglesia Católica y en contra de España. Esa retractación es la que, al fin y al cabo, le hace grande a Rizal. Pues, arrepentido, resulta ser un buen modelo a seguir en esta vida.

Pero los enemigos de la Iglesia y de lo hispano en Filipinas quieren seguir usándole para sus fines francamente injustos. Y se valen muy en particular de sus errores retractados para seguir adelante con su propaganda contra la Iglesia y la España católica. No quieren admitir que esos errores que utilizan ignominiosamente para sus bastardos fines son errores de los cuales José Rizal ya se retractó de forma contundente.

Ya es hora que los que utilizan esos errores para promover sus oscuros fines, a pesar de haber sido retractados por el mismo José Rizal, deban quedar desenmascarados ahora mismo. Pues, a la larga, esa conducta repugnante por parte de unos cuantos despistados es lo que daña a todos los filipinos de forma irreparable.

Para comprobar lo arriba expuesto, pueden consultar a León Maria Guerrero, autor del libro sobre Rizal “The First Filipino” y las cartas entre el abogado de la familia Rizal, y los inquilinos de Calamba, Don Felipe Buencamino.



De la Academia Filipina, correspondiente de la RAE

¿Los 150 idiomas o los 150 dialectos de los filipinos?

Vocabulario de Lengua Tagala
Una de las cosas de las que estoy orgulloso es el hecho de que puedo hablar seis idiomas. Estos son, en orden de uso:

Tagalo – mi lengua natal
Inglés – la otra lengua oficial de mi país
Español – la lengua oficial de nuestra orden (la Orden de Agustinos Recoletos)
Francés – mi lengua extrajera preferida
Ilocano – la lengua de mi padre
Cebuano – la segunda lengua indígena más importante de nuestras islas

Aparte de estos seis idiomas, también soy capaz de leer en otros cuatro, y probablemente alguno más.

Para un extranjero (es decir los que no son filipinos) sólo tengo que añadir que es natural para nosotros. Existen unos 150 lenguajes por acá. Y siempre se maravillan como podemos poner más que dos en la cabeza. Y de nuevo les digo que es normal que hablemos más de dos lenguajes. Sólo los que viven en «Katagalugan» hablan dos. Y creo que menos del 2% de la población habla una única lengua.

Pero con mis compatriotas, hay que explicar algo más. Muchos de ellos le dirán que hay que omitir los últimos dos porque no son lenguajes sino dialectos. Y cuando se les pregunta «¿cuál es la distinción entre un lenguaje y un dialecto?», la respuesta siempre será «el lenguaje es la forma de comunicación de un país mientras un dialecto es de una región».

Un poco raro. Porque si seguimos esta definición, ¿cuál entre francés e inglés seria el «lenguaje» de Canadá? Sabemos bien que en Canadá, solo se usa francés en una región que se llama Québec. Y también, ¿por qué tiene Sudáfrica 11 lenguajes oficiales? Si seguimos la definición filipina, habría un problema. Estos idiomas oficiales, aparte del inglés, sólo se hablan en algunas regiones y no por la población entera.

Entonces, ¿por qué se confunden los filipinos? Es porque en nuestras islas, se usan las palabras «lenguajes» y «dialecto» con connotación política. Y aunque los científicos dicen que no son dialectos sino lenguajes, nos negamos a creerles. Ahora nos encontramos con que tenemos una generación joven para instruir y una generación vieja que queremos reeducar.

Pero antes de todo, tenemos que definir un «lenguaje» y un «dialecto». Según el «Diccionario de la Lengua Española» de la Real Academia Española (22ª Edición, 2001) :

Lenguaje. (del prov. lenguatge). m. Conjunto de sondos con que el hombre manifiesta lo que piensa o siente ║ 2. lengua (║ sistema de comunicación verbal).

Dialecto. (del lat. dialectos, y del gr. διάλεκτος). Ling. Sistema lingüístico considerado con relación al grupo de los varios derivados de un tronco común. El español es uno de los dialectos nacidos del latín. ║ 2. Ling. Sistema lingüístico derivado al otro, normalmente con concreta limitación geográfica, pero sin diferenciación suficiente frente al origen común. ║ 3. Ling. Estructura lingüística, simultanea a otra, que no alcanza la categoría social de la lengua.

Con estas definiciones, podemos decir que todas los lenguajes tienen dialectos. Y tenemos razón. Cada lenguajes tiene dos o más dialectos. El Inglés tiene muchos dialectos. Solo en el Reino Unido, cada ciudad tiene su propio dialecto. Los de Londres no hablan como los de Belfast ni como los de Edimburgo. Sin contar las diferencias entre la diferencia del inglés del Reino Unido y de los Estados Unidos.

Acá, en Filipinas, podemos decir que tenemos 150 lenguajes. No 150 dialectos. Está claro que no son dialectos. Durante los Cursos de Verano del Instituto Lingüístico se nos aclaró la distinción. Hay tres parámetros para comprobar si estas formas de comunicación son lenguajes o dialectos.

La primera, obviamente, es el vocabulario. Los idiomas deben tener un vocabulario suficientemente diferenciado para que podamos considerarlo como lenguajes. En tagalo, se dice «Anong pangalan mo?». Claro que el cebuano no emplea las mismas palabras porque en Cebú se dice «Unsa man ang ngalan nimo?». Ni el ilocano emplea las mismas, ya que dicen «Ania ti naganmo?». Entonces, basándonos en el primer parámetro, podemos decir que son lenguas distintas.

La segunda es la gramática. Deben existir bastante diferencias entre las gramáticas para que podamos considerarlos dos idiomas distintos. En tagalo, se hace el aspecto imperfecto así: bumibili. Se pone -um- entre las dos letras de la primera sílaba y se repite la palabra entera. En cebuano, se dice «mopalit». Se pone -mo- antes de la raiz. En ilocano, se dice «aggatgatang», se pone -ag- antes de la palabra y duplicamos la primera sílaba hasta la primera consonante. En esta categoría, de nuevo podemos decir que son lenguas distintas.

Y la tercera son las otras partes del lenguaje. Sintaxis, cambios morfofonológicos y otros. Por ejemplo, no tenemos «ay» en otras lenguas filipinas. En cebuano, siempre se usa «man»,que no significa nada en tagalo. En ilocano, siempre se usa «ngarud». Tampoco hay una traducción adecuada en tagalo. De esta manera también podemos afirmar que son lenguas distintas.

Si leemos las páginas de la historia de nuestras islas, podemos ver que los curas conocían que los indígenas hablaban lenguas distintas. Gracias a ese conocimiento escribieron la «Gramática de la lengua tagala», «Gramática de la lengua cebuana» y «Gramática de la lengua yloca».

La misma Constitución de 1987 también dice que las demás lenguas filipinas serán oficiales como lenguas auxiliares. Y por eso, ¿porqué aún seguimos confundidos? Como he explicado más arriba tenemos una generación a la que hay que reeducar. Desde hace casi un siglo nos han estado enseñado que hablamos dialectos. Y tenemos que empezar la lucha para dar a estos idiomas el lugar propio que les corresponde en el panteón de las lenguas.

Después de todo, la multitud de diferentes lenguas es una de la riqueza de nuestras islas. Unidad en la diversidad, como dice el lema.


Miembro de la Fraternidad Seglar Agustino Recoleta en Filipinas y escritor para la Sociedad Bíblica de Filipinas.

Presentación de la Biblioteca "Clásicos Hispanofilipinos" en el Cervantes de Manila

Se ha presentado en el Instituto Cervantes de Manila la colección "Biblioteca Clásicos Hispanofilipinos", una recopilación de obras clásicas de la literatura filipina en lengua española, que jamás habían sido reeditadas o estaban inéditas.

Según José Rodríguez, director del Instituto Cervantes de Manila, y principal impulsor de la iniciativa junto a la embajada de España, el objetivo es preservar y reivindicar el legado de los últimos escritores filipinos que se expresaron en castellano.

Los ocho títulos, de notable valor histórico y literario, fueron escritos en las primeras décadas del siglo XX durante la ocupación estadounidense, período durante el que paradójicamente se crearon algunas de las obras más valiosas de la literatura filipina en español.

Para inaugurar el programa, se escogieron "Cuentos de Juana" de Adelina Gurrea (1896-1971) y "Pájaros de Fuego" de Jesús Balmori (1887-1948).
Adelina Gurrea es una poetisa y periodista que muy pocos nacionales conocen, laureada con el premio del Círculo Internacional de la Unión Latina en 1951 en España.
Beatriz Álvarez, editora del volumen "Cuentos de Juana", señaló que el compendio de narraciones cortas destaca por el buen manejo del lenguaje y del juego literario. Según Álvarez, se puede decir que es una novela de relatos, porque tiene una estructura; en todos los cuentos se teje una red sobre la relación entre las personas de origen español, que son las propietarias de la tierra, y las de origen humilde.

El segundo volumen, Pájaros de Fuego, de Balmori, es una novela que descubre una historia apasionante y tiene como telón de fondo la resistencia filipina durante la ocupación japonesa en la Segunda Guerra Mundial.
El autor escondía los manuscritos de cada capítulo en frascos y los enterraba en el jardín a la espera de que amanecieran tiempos mejores y por temor a las posibles represalias de los ocupantes si descubrían su obra. Cuando terminó la guerra, el escritor vendió su novela al gobierno, ésta, estuvo oculta durante décadas en un archivo hasta que reapareció hace muy poco.

Durante la primera mitad del siglo XX, el español fue el idioma empleado por la prensa, la cultura, el comercio, la justicia y hasta cierto punto la política. Fue lengua oficial de Filipinas (junto con el inglés y el tagalo) hasta 1973.

Aún después de la ocupación de Estados Unidos y la imposición del inglés en los colegios públicos filipinos, el español siguió predominando en las principales ciudades como vehículo de comunicación, además de ser la lengua franca que sirvió al propósito de unificación nacional, ya que el tagalo no poseía aún el prominente papel que después alcanzó.

En la segunda década del siglo XX se prohibió de manera terminante la educación en otra lengua que no sea inglés y los dirigentes militares estadounidenses reprimieron duramente las expresiones políticas y culturales en español y en los idiomas nativos.

La resistencia se mantuvo hasta aproximadamente el final de la Segunda Guerra Mundial, cuando en 1945, la aviación norteamericana destruyó el principal núcleo de cultura hispánica y lengua española de Filipinas, el barrio de Intramuros y La Ermita. Tan sólo en Intramuros existían más de 300.000 hispanohablantes.

En la actualidad, menos del tres por ciento de la población de Filipinas, que supera los 90 millones de personas, domina el español, aunque existen otras cerca de 2.500.000 personas repartidas principalmente por el suroeste de Mindanao (Península de Zamboanga) y Malasia, que tienen al chavacano, lengua criolla muy parecida al español, como primer idioma.
 

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